martes, 13 de julio de 2010

Educación y Virtud

El ejercicio de la virtud es indispensable para la existencia de la democracia. Un sistema democrático puede o no legitimarse si la virtud está presente dentro del existir del sistema.

En la conformación del Estado, no solo los entes de administración gubernamental deben regir el poder. Dentro del Estado verdaderamente democrático participan diversas fuerzas: Gobierno y representaciones ciudadanas. Entre las mismas es menester la existencia de comunicación y respeto por las ideas del otro; para que en libre intercambio de ideas subsistan la democracia y se legitimen los factores de poder.

En este sentido, destaca la comunicación como requisito indispensable para concretar el bienestar ciudadano. Entendiéndose comunicación no sólo como el libre y ético ejercicio de los medios de comunicación social de masas, sino igualmente, la expresión de opiniones de los diversos entes representativos ciudadanos; obreros, empleados, industriales, comerciantes, estudiantes, universidades, productores agropecuarios, partidos políticos, religiones; en conclusión, la sociedad civil organizada, en constante diálogo con la representación gubernamental. Diálogo donde es menester la tolerancia, el reconocimiento de la legitimidad del otro; lejos de las persecuciones y el menos precio.

Cuando lo planteado anteriormente no se instaura en un sistema democrático, el sistema degenera en una actitud paternalista por parte de la administración estatal y el ciudadano se hace ente pasivo conformando una masa amorfa lejos de la racionalidad ciudadana. Entonces, el paternalismo degenera en inertes por mantener el poder el mayor tiempo posible con miras a alcanzar el bienestar pero de los administradores y la masa amorfa mal llamada ciudadanía admira al caudillo de turno esperando sus dádivas.

De manera que, no es erróneo afirmar que un sistema democrático no es tal sólo por llevar esa denominación la administración de turno, ni porque eventualmente se asista a urnas electorales a cambiar o no al mandatario (dado el caso que aún hallan elecciones pulcras dentro de un sistema paternalista) ; no, muco más allá de los requisitos de denominación y la alternabilidad de los gobernantes, la democracia exige del ejercicio de la virtud para su subsistencia y validez. Ejercicio sano del poner que persigue el bienestar de la colectividad.

Los principios de tolerancia, comunicación, reconocimiento y respeto por el contrario no se identifican con un sistema económico específico. En el pasado se relacionó que el sistema económico denominado libre comercio estaba acorde con las virtudes ciudadanas, ya que el ejercicio de la libertad comercial garantizaba el libre y sano desarrollo democrático de los pueblos; la historia ha demostrado lo contrario. La democracia sana que dignifica al ciudadano está lejos de sistemas voraces económicos.

En contrapartida a lo afirmado en el párrafo anterior, lo contrario a un comercio libre no necesariamente lleva al desarrollo democrático. Pues, en sistemas llamados de izquierda, donde aparentemente el capitalista pasa a ser el administrador del estado, tampoco se desarrollan los valores democráticos esperados.

Tanto los sistemas donde el comercio es libre o restringidos, puede no estar presente el ejercicio de la democracia como característica de administración. Entonces, en estos casos, cuando existen exigencias ciudadanas las mismas suelen desencadenar violencia al no verse escuchadas o solventadas. En este caso, la violencia genera violencia manchando de sangre las páginas de la historia.

No son pocos los casos en la historia donde actos de violencia surgen luego de la intransigencia, el menos precio y la sordera de los entes de administración; recordemos los eventos de la revolución cultual en China (iniciada en 1966), el denominado Mayo Francés en Francia en el año 1968, la revolución rusa (1917); y más cercano a nuestra latitud, la masacre de abril de 2002 en Venezuela. Sucesos donde la obcecación y los oídos sordos llevó a una escalada de crimen que concluyeron en derramamiento innecesario de sangre y el reino de la barbarie.

La democracia no es la dictadura del administrador de turno ni la hegemonía y anarquía de la sociedad civil; es, indudablemente, la coexistencia de diversas opiniones en un escenario común. Es saber que tengo derecho a expresar mi opinión y ser escuchado; pero, sobretodo, renunciar a mi apreciación subjetiva de la realidad para tolerar al otro, y aceptar su opinión si es el consenso de la mayoría. Además ser parte activa de la concreción de la planificación acordada por la colectividad así la misma diste de mi concepción; porque no necesariamente lo que yo creo que el bueno así lo es, ni lo que yo tengo como vía para concretar mi bienestar conlleva al bienestar del colectivo en su aplicación. De esta manera mi verdad es escuchada, atendida; pero necesariamente queda supeditada al consenso general. Consenso al cual me debo.

En una sociedad sana, no existen las imposiciones que contradigan los derechos humanos. Los argumentos se plantean con suficientes razones, con la finalidad de que los mismos entren en intercambio con otros argumentos; y así, al llegar al consenso, determinar los caminos a transitar por la sociedad.

En el marco de ese diálogo social, es necesario que las partes se comprometan con las razones esgrimidas; de este compromiso surge la perdurabilidad en el tiempo de los acuerdos. Pues, sin compromiso no existe continuidad; y, la sociedad estaría condenada a dar tras pies de un lado a otro, sin concretar objetivo alguno.

Ahora bien, otra de las características necesarias para poder concretar un efectivo diálogo social es el reconocimiento como símil de los entes relacionados dentro del fenómeno. De esta forma, se proscriben las imposiciones, y se permite la libre expresión y discusión de las ideas racionales.

En la historia política de los pueblos son muchos los casos de intolerancia y pocos los de ejercicio sano de la democracia, pues el mismo exige un esfuerzo de la sociedad, desde la formación adecuada de los individuos a nivel educacional, la instauración de una sana comunicación, formación de una apropiada representación ciudadana y la creación de espacios de intercambio de opiniones. Exigencias mínimas para que la virtud y no la barbarie se traduzca en una forma de gobierno idónea que garantice el bienestar de la sociedad.

Educación como factor de transformación social

La educación como medio para inculcar valores apropiados para la transformación del hombre a ciudadano es un requisito fundamental para que la democracia sea posible. El hombre es un animal que al nacer tiene la capacidad innata del raciocinio; esta capacidad es reforzada o no según la educación que este recibe. La efectividad del proceso educativo será determinante en la adquisición de un adecuado raciocinio en el individuo.

En tal sentido, la educación no es un factor de alienación, es factor de modelación de la personalidad, la cual genera bienestar en el individuo al practicar en el espacio público los valores adquiridos. Pues, entendemos como alienación todo aquello que distorsiona la personalidad del hombre, al sembrar en él antivalores que lejos de la equidad y la justicia desembocan en la no transformación del hombre en ciudadano y a su vez llevan a la despersonalización.

Ahora bien, implantar una forma adecuada de educación en la sociedad exige de la voluntad social para querer hacerlo; más allá, mucho más allá, de encendidos y críticos discursos políticos. La educación exige de la toma de conciencia de todos los factores involucrados, ya que, no es el número de escuelas y maestros lo que hace eficiente la educación, sino la calidad de la misma. Pueden existir innumerables escuelas y educadores, todas repitiendo una y mil veces los conceptos encontrados en el estudio del mundo físico, sin crear ciudadanos, solo profesionales que obtendrán el conocimiento de las células, las enfermedades, cómo se hace una carretera o un edificio, pero jamás ciudadanos aptos para participar activamente dentro del mundo público; dentro de la política, que es la administración del bien común.

En el mundo actual, que se diferencia radicalmente del mundo griego, por el número de herramientas tecnológicas con las que contamos, ciertas miseria sociales en lugar de atenuarse o contrarrestarse se acentúan. Parece cada vez mayor el número de desigualdades e injusticias sociales. No lejos de centros de comunicaciones, aeropuertos, hospitales con las últimas tecnologías operativas, viven las miserias sociales.

En una sociedad caracterizada por el manejo tecnológico, que jamás ninguna civilización soñó emplear, se agravan las injusticias sociales cada vez más, sobretodo en Latinoamérica. El por qué de esto, es la pregunta que inmediatamente nos embarga. Con el propósito de hallar respuestas, debemos recordar al crítico del postmodernismo, el filósofo francés Jean-François Lyotard (1924-1998), quien entre no pocos, afirmó el derecho a la admisión de desigualdades de posición dentro de la sociedad; el derecho a expresar libre y eficientemente mi pensar como ente perteneciente a un grupo; y, la crítica a la modelación de seres homogenizados por factores alienantes dentro de las sociedad, dichos factores se expresan sin control dentro de los medios de comunicación y sus nuevas tecnologías como parte de una educación, que lleva a la despersonalización y a la alienación. Además, es menester recordar al escritor ingles Oscar Wilde (1854-1900), quien afirmó que el problema no es la tecnología sino el uso que de ella hacemos.

Así mismo, en la sociedad contemporánea, el problema radica en que se han descubierto un sinnúmero de adelantos tecnológicos sin poner en práctica valores básicos que lleven a la justicia. Si este problema no es atacado de raíz, parecemos condenados a repetir los errores hasta que la alienación y despersonalización lleguen a grado tal, que la masa amorfa sea el rebaño dominado, en lugar de una sociedad conformada por ciudadanos.

Entonces, qué hacer ante este marco descrito? Renunciar es entregar la sociedad a la barbarie; mientras las voces que disienten se expresen aún hay posibilidad. Es menester que los concientes de esta realidad descrita sigan persistiendo para que las transformaciones se puedan realizar. Para que, con el esfuerzo común, la educación deje de ser la mera magnificación de lo tecnológico y transforme este kindergarten de la tecnología en escuelas para modelación del hombre en ciudadano, para que la siembra de valores convierta al individuo en ciudadano activo, crítico en el espacio público; y, la justicia social se haga presente.

Sin restarle importancia a la enseñanza sobre el uso de la tecnología, no se debe olvidar inculcar valores éticos en la educación. Por tanto, obras como la Ética a Nicómaco, de Aristóteles (384-322 AC), deben adquirir vigencia dentro del sistema educativo… Educar para enseñar a vivir con virtud, es la urgente necesidad.

lunes, 12 de julio de 2010

Cultura y Lengua



La ciencia está constituida por una estructura que no modifica su esencia, dirigida por criterio de objetividad y coherencia. El problema esencial en Latinoamérica es que la ciencia no está estructurara para el estudio de la realidad. Existe un claro divorcio entre la estructura científica con la realidad que somete a estudio. En este sentido Kusch (Geocultura del Hombre Americano 1976) apunta:
Creo que en América se plantea con la lingüística un problema que se da en toda especialidad. Se diría que una especialidad no dice todo lo que necesitamos saber en América. Falta algo más en el discurso científico. Toda ciencia está construida con un criterio de objetividad y coherencia que no mella su estructura, pero, la cuestión en América se refiere a la realidad misma, para la cual aún no está dada la ciencia.
Para entender la fenomenología latinoamericana es necesario pensar los fenómenos culturales desde su interior, desde dentro; no imponer esquemas científicos diseñados en otras latitudes mundiales donde el sujeto se encuentra por fuera del objeto; y, al cosificar a este pretender extraer de él la verdad.
En Latinoamérica es urgente coordinar la actividad filosófica con los fenómenos culturales, con la finalidad de concretar una praxis política que adaptada a la realidad, sea herramienta permitente para un mejor vivir de las comunidades. Visto así, toda actividad política carece de sentido si no se coordina con una delimitada praxis delimitada… y, a su vez esta praxis debe surgir de un estudio del fenómeno del lenguaje.
Antes de iniciar un estudio del lenguaje en América latina es pertinente hacer una reflexión filosófica sobre el lenguaje. La cuestión radica en, más allá de determinar qué se dice, es determinar qué pasa con el hombre que lo dice; y, así más allá de un análisis científico se hace un estudio de la totalidad.
Lo afirmado con anterioridad se plantea porque en Latinoamérica no estamos seguros si hemos generado un sujeto científico que pueda elaborar ciencia luego del estudio del objeto. Entendiendo como ciencia a la delimitación del objeto, su descripción y formulación de leyes de su comportamiento. Ciencia que necesariamente debe concretar una praxis política a seguir. Visto así, la ciencia no es un fenómeno separado de la cultura que la genera; y, este concepto de ciencia es propio de la cultura occidental.
A la ciencia se le escapa el estudio de la totalidad. Existe ciencia de fenómenos delimitados pero no del todo; es por esto, que es papel fundamental de la filosofía el descubrimiento del todo. Y, la ventaja sobre el estudio cultural que posee la filosofía sobre la ciencia radica en que la filosofía estudia el fenómeno del habla y el habla corresponde a la dimensión de la existencia. Lo que se dice, lo que se habla, es lo factual, lo acontecido.
En sentido aristotélico la verdad es la coincidencia de lo expuesto del contenido con la situación objetiva. Sin embargo, esto es sólo un aspecto de la verdad, sólo un sentido del ser mismo del existente. La verdad es el ser del existente que está más allá de la verdad menor de la coincidencia con la realidad.
En tal sentido, todas las especulaciones sobre el lenguaje, sobre la realidad cultural elaboradas en occidente resultan inoperantes para el estudio de la realidad cultural Americana. Este error ocurre porque se desea evaluar la realidad desde la óptica de una realidad foránea, desde los preceptos nacidos en la praxis política de otra cultura. Es análisis de la realidad sólo es pertinente cuando se realiza desde dentro de la realidad. Por tanto, Latinoamérica debe elaborar sus propios métodos de estudio desde dentro, desde su realidad cultural.
Realizar una ontología del lenguaje nos lleva a preguntarnos sobre la totalidad del existir mismo; por tanto, es de suma importancia al hacer un estudio cultural de cualquier pueblo latinoamericano, incluir la dimensión del lenguaje; pues, a través de ésta podemos evaluar la totalidad de los fenómenos culturales y prácticos; método que indudablemente nos acercará más a la realidad que la trasladar el método científico occidental al estudio social.
Otro aspecto fundamental a la hora de acercarnos a los pueblos indígenas de América es el denominado proceso de alfabetización. Con la alfabetización foránea a los pueblos indígenas de América se instala un logos convencional que no concuerda con el logos no escrito de la cultura a alfabetizar. Por tanto, la alfabetización niega la posibilidad del mecanismo antidiscurso; porque al alfabetizar se está instalando las realidades de otra cultura sobre una cultura que ve delimitado todos sus aspectos culturales. Esto, es posible que se solvente si al alfabetizar se permita que se manifieste la realidad cultural del pueblo alfabetizado; que se abran las puertas para la no sumisión de una cultura a otra.
Si en el proceso de alfabetización no se toma en cuenta la realidad cultural, los símbolos y mitos del alfabetizado; se destruiría el horizonte simbólico; o sea, se borrarían las raíces culturales del alfabetizado; así, este perdería su condición de existente en el mundo. La inclusión de los elementos culturales propios del alfabetizado en el proceso de alfabetización, puede aportar mucho a este proceso
.

Tecnología y Cultura


El problema Latinoamericano no consiste en que su realidad sea indómita, no accesible, lejos de cualquier comprensión. El problema fundamental estriba en que no hemos podido concretar formas de pensamientos adecuadas para comprender nuestra realidad.
Mucho más allá del hecho fáctico, de lo tecnológico y de lo científico; filosofar es hacer las preguntas adecuadas que nos conduzcan a entender las razones por las cuales ocurren los fenómenos; es, entender la coherencia lógica del por qué ocurren los eventos. Y, es al indagar las razones fundamentales que nos es posible entender la fenomenología social general. Mucho más allá de entender cómo funciona una máquina, el filósofo se plantea ¿Qué es una máquina? ¿Pará qué se construye la máquina? ¿Por qué se construyen máquinas?
Al construir estructuras adecuadas de pensamientos en Latinoamérica podremos entender la relación entre cultura, ciencia y tecnología. Pues, el quehacer científico y tecnológico está íntimamente relacionado con la cultura que las origina. Decir cultura y época es igual que decir cultura y tecnología, cultura y ciencia.
Equivocadamente se suele escindir a la tecnología de la cultura; erróneamente se cree que el hacer tecnológico no tiene ninguna implicación con el ámbito cultural; así, solemos relacionar la cultura con entretenimiento, y al afirmar que Latinoamérica es una región multicultural se suele creer que es un parque de diversiones multitemático.
La cultura es un fenómeno particular, es producto de un pueblo determinado en un tiempo determinado, está determinada por las realidades concretas, con los eventos propios de la dinámica social de una región. Por otro lado, la tecnología es algo general que transciende fronteras y el dinamismo es tal vez su principal característica.
La cultura es una estrategia para vivir. Un ritual mágico, una producción pictórica, la ciencia y tecnología, no son más que una serie de tácticas para vivir de una determinada sociedad. Estrategias que invariablemente se traducen en una praxis políticas; entendiendo la política como una manera con la que se afronta la vida.
Es necesario citar que los indios Aymará en Bolivia se niegan a adquirir bombas de agua, así el gobierno de facilidades crediticias con muy bajos intereses para su obtención. A pesar de que en no pocas oportunidades los animales de estos pobladores se encuentran sucios, flacos y enfermos; el indígena se niega con rotundidad a adquirir la bomba de agua que garantice la limpieza de sus rebaños. Cualquier pensador pudiera citar que el atraso cultural de ese pueblo es la limitante para su adaptación a la tecnología y por lo tanto a la modernidad.
Atrevámonos a plantear el análisis del fenómeno de diferente manera. Históricamente Latinoamérica se ha resistido a la implementación de tecnología foránea en su región, casta de tecnócratas han vistos caídos sus sueños al observar que la implementación de sus paquetes tecnológicos no han prosperado en la región. Junto al tecnócrata, el cristiano ha visto como su sistema religioso no se ha impuesto de manera unánime en todas las latitudes del continente; de igual forma el comunista ve como su perfecto sistema de gobierno no es asimilado con totalidad. Y, ningún sistema foráneo se adapta totalmente en Latinoamérica, y así seguirá siendo a pesar de la insistencia de los defensores de sistemas políticos, religiosos o tecnológicos.
La razón por la cual ninguna tecnología foránea se adapta con totalidad en Latinoamérica radica en que la ciencia y tecnología necesariamente están relacionadas con la cultura de un pueblo. La creación de una tecnología, de una herramienta no es un hecho aislado y foráneo, necesariamente responde a una necesidad poblacional ligada intrínsecamente con la cultura; surgen tras un proceso de gestación cultural. Es imposible separar el lugar y el tiempo exacto con el surgimiento de la tecnología; pues, esta responde a las necesidades concretas de una cultura determinada en un tiempo específico. Así, la ciencia y la tecnología son apéndices de la cultura; porque es la cultura de un pueblo la que hace que surja su tecnología.
Es importante destacar que en América latina la cultura se encuentra fragmentada, es característica propia de los pueblos americanos que no sean iguales los diversos fenómenos culturales entre los sectores poblacionales. Por tanto, no es extraño observar que una tecnología, un sistema de gobierno, se asuma mejor por un sector poblacional que por otro. También, dentro de una misma sociedad existen diferentes culturas, por tanto, no es de extrañar que las decisiones políticas asumidas por una clase social determinada no sean asumidas por el resto de la población, originando esto conflicto.
Un punto álgido en el aspecto cultural latinoamericano es que nos hemos acostumbrado a vivir en la noesis, en la verdad a decir de Platón, costumbre heredada de nuestra occidentalización. Un factor común en muchos sectores de nuestros pueblos es el temor de vivir en la coxa, de sentar nuestra realidad en el mundo de las opiniones, tenemos la suma necesidad de la certeza, de la verdad, de pisar firme, de no perder.
Si partimos del precepto de que es necesario explorar el mundo de las opiniones latinoamericanas para poder construir una cohesión y fortaleza cultural solida en Latinoamérica; a dejar de vivir en la certeza de otras latitudes podemos mirar en nuestras opiniones, para así poder construir nuestras certezas. Es necesario construir la certeza latinoamericana, es pertinente la evaluación de la tecnología foránea con ánimos de la construcción de una tecnología Latinoamericana. La ciencia y tecnología foránea siempre va a responder a otra realidad; por tanto, va en detrimento de lo latinoamericano; a este respecto Mires (El Discurso de la Naturaleza, ecología y política en América latina1991) señala:
La relación costo-excedentes, que parece ser una connotación científica incuestionable, corresponde apenas a un estilo de pensamiento que sólo ha consagrado científicamente elementos culturales subyacentes en el pensamiento colectivo. Pues la relación costo. Excedentes no solamente deriva de la lógica capitalista de producción, sino también de relaciones culturales que se basan en la creencia de que siempre hay que sacrificar al ser humano a instancias superiores, ya sean dioses, el progreso, la civilización o el comunismo.
Sin embargo, y contradiciendo lo antes expuesto, el informe de del 27 de junio de 1972 de las Naciones Unidas afirma: “la humanidad comparte un destino común sobre un planeta de reducidas dimensiones”. Esta afirmación del órgano internacional no responde a la realidad, se antepone a la diversidad de realidades entre los pueblos; o sea, se opone no tanto a la diversidad cultural sino al derecho de la existencia de esa diversidad cultural.
Regresando al caso del indígena aimará que se niega a la adquisición de la bomba hidráulica, muchos se atreverían a afirmar que hay que orientarlo para lograr que éste adquiera la tecnología que le permita mejorar su situación. Mas, el aimará igual que otros pueblos de nuestra latitud, no esperan ser dirigidos, sólo manifestarse culturalmente como son; pretender lo contrario es un equívoco. El marxista diría que al eliminar todo lo relacionado con el hombre por último permanecería su necesidad de comer; contrario a este pensar, sólo quedaría su necesidad de habitar, pues lo intrínseco en el hombre es su necesidad de estar, de habitar, de vivir y crear cultura.
En tal sentido, el reto para la filosofía contemporánea latinoamericana estriba en la necesidad operar un pensamiento no técnico sino meditativo, un pensar sin un uso práctico inmediato, pero que permita un replanteamiento, una forma propia de pensar la realidad; que permita esbozar la posibilidad de crear una base que nos sustente, haciéndonos fuertes, independientes y libres. Lo planteado, de modo alguno representa una oposición a la tecnología, es reto para poder fortalecer nuestra cultura, para que esta se traduzca en una acertada política para vivir.

El “Estar-Siendo” como Estructura Existencial y como Decisión Cultural Americana

Es pertinente determinar la significación de los verbos ser y estar para América latina; pues, a través de la significación de cada verbo podemos comprender la manera con la cual se asume nuestra realidad cultural.
Los verbos poseen una diferencia clara significativa; ser, define; estar, señala. Filosóficamente ser hace referencia a la esencia, y estar a su vez hace referencia a la ubicación de un ente. Ahora bien, la condición de estar nada indica de sus condiciones interiores, sino sólo indica una condición, la de indicar un modo con que se da.
Cuando planteamos que en América latina es necesario hacer un análisis pre-óntico, se indica que habrá que comprender la realidad desde la condición propia de estar. Mientras que no se inicie en Latinoamérica el estudio cultural desde la condición de estar, será limitada nuestra óptica de la realidad. La ciencia occidental carece de la condición de analizar la realidad desde el estar, por esto resulta ineficiente como método para interpretar nuestra realidad. Igual, ocurre en el campo de la filosofía, sólo nos será pertinente un pensamiento filosófico que se origine desde nuestra condición de estar y no de ser.
La condición del estar se encuentra íntimamente relacionada con el existir, con la dinámica existencia diaria de los pueblos. Es un estar por decisión propia, con la condición de generar productos culturales que nos diferencien y nos liberen como pueblos. Mucho más allá de conceptos sesgados de superior o inferior, de bueno o malo, conceptos impuestos por una cultura ajena a Latinoamérica; el estar, nos capacita a poseer individualidad, diferenciación, libertad.
Al examinar el horizonte simbólico cultural de los pueblos indígenas de América se aprecia el predominio de la condición de estar, y un modo del ser como circunstancia. En América se es a nivel simbólico, donde existe una conciencia de la relatividad del símbolo. Nuestra expresión artística representa una muestra simbólica que denota una condición de estar; pues aparece como un ‘estar-siendo’ y de ninguna manera un ‘ser que esta’, como indica Heidegger. Ahora bien, el estar roza la condición del vivir puro a nivel biológico; esto, indudablemente, pertenece a la condición de pre-ontológico y no proto-ontológico, a la manera de entender de Heidegger. Sólo en esta dimensión aparece la comprensión de lo que nos ocurre.
Analizando la condición de estar en Latinoamérica se pueden entender las contradicciones políticas y culturales como puesta en oposición entre lo que es del qué, y el estar, que responde a el hecho de vivir y al puro ahí en una realidad inalienable. Esto, indudablemente nos conduce a reflexionar sobre nuestra realidad cultural, entendiendo la característica de estado híbrida de la misma. Esa característica de hibridez responde a la incapacidad de encontrar una expresión propia a esta condición de simplemente estar. La necesidad de encontrar un sentido propio entre los pueblos latinoamericanos, es inquietud entre nuestros intelectuales desde épocas tempranas; así en el inicio del siglo XX José Mariátegui (1978 TEmas de Nuestra América, Obras Completas) nos comenta en 1924:
La América española se presenta prácticamente fraccionada, escindida, balcanizada. Sin embargo, su unidad no es una utopía, no es una abstracción.los hombres que hacen la historia hispano-americana no son diversos. Entre el criollo del Perú y el criollo argentino no existe diferencia sensible. El argentino es más optimista, más afirmativo que el peruano, pero uno y otro son irreligiosos y sensuales. Hay, entre uno y otro, diferencias de matiz más que de color… de una comarca de la América a otra comarca varían las cosas, varía el paisaje; pero casi no varía el hombre. Y el sujeto de la historia es ante todo, el hombre. La economía, la política, la religión, son formas de realidad humana. Su historia es, en su esencia, la historia del hombre.
Nuestra autenticidad no está en lo que para occidente es ser auténtico, sino en poder desenvolver esa estructura que nos lleva a creer que algo es auténtico o no. Nuestra única autenticidad radica en la comprensión de la condición de ‘estar-siendo’. Esto, es una forma, la única pertinente de reconocernos a partir de un horizonte puro.

La Cultura Popular


Cuando empleamos el término cultura popular, estamos aseverando dos realidades, por un lado que existe una realidad llamada cultura y a esta a la vez le agregamos un calificativo, afirmamos que es popular. Estamos separando lo que se llama cultura de la dimensión del observador, colocando un abismo entre observador y observado. Este abismo siempre provocado por el observador, no por lo observado.
Cultura, como existente, no es una cosa. Al objetivar a la cultura se pierde el sentido real de lo que es, diluimos su significación. Como perdemos su realidad, su concepto, su verdad, es un hecho inútil que traslademos la función de liberación a ella; pues, como indefinida a perdido toda capacidad.
Toda cultura lleva implícito en si la característica de ser universal, logra universalidad en forma fácilmente. Cualquier particularidad de cualquier cultura posee los integrantes simbólicos de la cultura que la genera; por tanto, posee validez universal. Por tanto, al objetivar a una cultura, sus expresiones culturales se empequeñecen, pierden significación; se localiza en la dimensión de lo occidental.
La alternativa idónea a la objetivación es asumir la cultura como decisión. Abriéndose así paso al estudio de la decisión cultural y no de los objetos culturales. La decisión como generador del fenómeno cultural responde a la existencia del pueblo que la genera. Asumida la expresión cultural de esta manera, el calificativo de popular carece de sentido, pasa a la dimensión de las aberraciones conceptuales.
En la antropología cultural moderna no se ha logrado trasladar los eventos cotidianos al quehacer consiente, esto representa un serio problema heredado del proceso de colonización. Las instituciones estatales como partidos políticos, organismos gubernamentales del estado, iglesia, planteles educativos, son los principales responsables de nuestro error, principales responsables de nuestro desarraigo, de ser entes que desconocemos nuestras raíces; esto se debe a que estas instituciones fueron importadas desde occidente. Por tanto, estas instituciones, sufren un proceso de bloqueo por parte de lo que queda en nosotros de nuestras raíces, haciéndonos diferentes a occidente en un mundo importado desde occidente, he aquí el motivo de nuestra autenticidad.
En la estructura de estudio cultural que se debe formar en Latinoamérica, conviene descartar el término de cultura popular; en cambio estudiar el fenómeno de decisión cultural, sobre el cual descansa nuestro comportamiento y aparato conceptual. Un concepto que todo investigador cultural debe tener presente es que toda decisión exige una fuente, y esta tiene su simiente en la cotidianidad. En la cotidianidad reposa la autenticidad cultural, y en la medida que se recobra la autenticidad se logra la libración popular.
Occidente como cultura niega la existencia del mito; su cultura se basa en la relación del individuo sobre los objetos, la influencia que tienen los objetos sobre el individuo y la influencia del individuo sobre los objetos. En occidente la relación se efectúa entre objetos, he ahí su necesidad de cosificar todo; he ahí su necesidad de negar la nada, la antimateria, el inconsciente. En cambio, en los pueblos americanos, el mito es parte de la realidad, es parte estructural en la relación entre los entes, entre los existentes, porque el mito es un existente más. Por tanto, negar el mito, el inconsciente en América, es sencillamente negar a América, soslayar su realidad, luchar a tientas por imponer una concepción errónea, deslastrada de la realidad.
Ante la verdad de que la cultura occidental ha execrado la posibilidad de asumir nuestro absurdo y el sentido real de nuestro quehacer; con miras de colocar el mito, el inconsciente cultural en el trabajo cultural es indispensable el trabajo de campo. En este trabajo de campo se debe permitir un diálogo con los factores vivenciales de la comunidad, con su realidad cotidiana, con sus mitos y existencia en expresión plena, sólo así se logra llegar a la dimensión precientífica, pre-óntica, donde es posible interpretar a la cultura.
Sólo en el trabajo de campo el investigador es capaz de percibir la verdadera dimensión del mito en la cultura; y sólo en el trabajo de campo el investigador se asume como parte de una cultura, reconoce lo que hay de mito en sus concepciones. En el trabajo de campo dos existentes entran en diálogo, el sujeto cultural y el sujeto investigador; en este diálogo más que descubrir lo que existe se descubre lo que se ha negado. En el contacto del investigador con el pueblo surge la posibilidad de totalizar nuestro pensamiento y asumir ese pensar desde lo negado por la cosificación occidental.
Solo en el trabajo de campo nos está dada la posibilidad de realizar una hermenéutica pre-óntica, al margen de lo objetivo de los hechos. Cuando se estudia los diversos lenguajes indígenas se evidencia, se reconocen elementos de relación del sujeto con el medio ambiente que es inexistente en occidente, mientras que en muchas lenguas indígenas se evidencia una relación entre entes existentes, donde las existencias confluyen para crear una existencia común, en occidente se plantea la modificación que ejerce el sujeto sobre el objeto que le pertenece.
De igual manera, en el trabajo de campo evidenciamos la relación de lo sagrado con la expresión cultural, la manera con la cual se relaciona una creencia mítica con el empleo del arado; se entiende como en un mundo así los objetos son circunstancias sometidas a la presión de lo sagrado. Esta evidencia se antepone a la concepción colonial que es incapaz de advertir lo natural en el mundo, y puebla al mundo de entes.
Debemos entender que todo el quehacer histórico de la conquista española sobre América, así como la implantación liberal, consiste en la instalación de entes como constitutivos de la realidad. Sin embargo, a pesar del empeño occidental, en nosotros aún no se totaliza el ente como medio de comprender la realidad, es por eso que las posturas políticas occidentales no terminan de encajar en la realidad latinoamericana, es por eso que no terminamos, ni terminaremos siendo, una sociedad donde domine la tecnología como medio de expresión cultural. Es una realidad que en nuestra latitud, el pueblo ha desustancializado al ente de occidente, pues nuestra realidad es otra, diferente a la realidad de la cultura que produjo un mundo constituido por entes. A este respecto Mires (El Discurso de la Naturaleza, ecología y Política en América Latina 1991) afirma:
Ni campesinos e indios pueden sentirse históricamente interpretados por la ideología del progreso y del crecimiento, ni mucho menos por ese tipo de relación casi directa que han establecido nuestros países con el mercado mundial. Por lo demás, una lectura atenta de las principales rebeliones campesinas e indígenas ocurridas en el continente, nos puede mostrar cómo sus actores, en distintas ocasiones, has estado dispuestos a luchar, hasta las últimas consecuencias, en defensa de su cultura, de si tradición y de su economía.
Lo señalado por Mires es de importancia vital y debe ser comprendido por todo investigador que se acerque a las comunidades; que aunque se intenté luchar por implantar un sistema a una población, ésta siempre mostrará una resistencia natural y optará por la defensa del como en el cual han decidido como comunidad actuar. Lo afirmado, en ningún modo afirma que los cambios culturales son imposibles, lo que indica es que siempre habrá una resistencia natural a estos; y si las modificaciones no se adaptan a la realidad cultural pueden ser rechazados con violencia. Así, entendido, el único modo de serle útil a una población es ofrecerles propuestas cónsonas con su realidad cultural.
Sólo en el trabajo de campo al investigador le es lícito comprender la significación del estar en los pueblos americanos. Se trata de estar como manifestación anterior a ser, que posee significación en el acontecer. Cuando se está se acontece; estar pertenece a la dimensión de lo pre-óntica, se está al margen de las llamadas superestructuras de pensamiento, se está antes de la constitución de los objetos. En este sentido, estar está relacionado con el hecho de vivir, de estructurar un mundo simbólico que sirve para ampararse, manifestarse; este vivir es el que genera cultura, es una realidad ética y gnoseológica.
Debemos tener claro, que en la dimensión cultural no son cosas las que se estudian, no son objetos lo que tenemos en frente, es acontecer; acontecer la vigencia de lo que somos en cuanto somos. Es necesario hacer del acontecer el fundamento de nuestra visión de mundo. Aconteciendo es la manera como el tercer mundo logra imponerse porque la cultura en la dimensión del acontecer se hace universal. El acontecer es la posibilidad de América ante lo occidental. Solamente asumiendo nuestra decisión cultural de acontecer, de existir, se dejará de estar en el margen y se pasará a ser centro de acción; he aquí el reto para América latina.

El Vacío Intercultural



En Latinoamérica uno de los principales problemas en materia de investigación cultural, además del procedimiento empleado para encontrar la racionalidad en el objeto estudiado; también se cuenta la intolerancia hacia la racionalidad propuesta por el objeto estudiado. Esto, exige el ejercicio de abrirse ante una racionalidad distinta por parte del investigador; sin menosprecio, juicios de valor y perturbación.
Es necesario tolerar la racionalidad diferente, con la finalidad de encontrar una racionalidad más profunda, más próxima a la praxis social. Para recuperar la racionalidad del objeto observado, es menester subordinar la racionalidad del investigador a la encontrada, fundiendo las dos racionalidades en un proceso de comunicación. Cuando desaparece la relación observador-observado, surge la posibilidad de una convivencia donde el observado es capaz, se le permite exponer su racionalidad, expresada en su forma de ser, en su fenomenología cultural.
En el conocimiento y análisis del pensamiento del grupo cultural, es el punto donde reside el problema de la metodología de estudio de la antropología aplicada. El cual sólo es corregido con una correcta aplicación del trabajo de campo.
Cuando en el trabajo de campo el investigador se separa del otro que es observado, pretendiendo obtener conocimientos tras la observación fenomenológica del objeto, en una relación observador-observado; surge aquí la distorsión en el proceso de investigación. Esto, implica un problema gnoseológico por parte del investigador.
Con la finalidad de modificar el patrón occidental de estudio, es necesario implicar lo irracional dentro del proceso de investigación. Ahora bien ¿Qué es lo irracional? ¿Cuál es el elemento cultural que no permite que sea aplicable el patrón científico occidental tradicional? Lo irracional, es lo que no se puede medir, pesar o experimentar; pues el objeto estudiado son seres humanos, el objeto es un conglomerado humano con propios proyectos de vida, necesidades y realidades psicológicas. En esta dimensión el objeto es un existente; otro, diferente al observador.
La relación entre observador y observado, de sujeto a objeto, se transfigura en una nueva relación, en una relación entre sujetos. Porque el objeto generador de cultura, más que sujeto, es un ser pensante. Por su parte el pensamiento se mueve dentro de la dimensión del lenguaje e implica un horizonte simbólico. Este horizonte simbólico se alimenta del pasado, es útil para vivir el presente, e indudablemente el presente es la simiente del futuro; integra un mundo conocido y habitable.
El sujeto se enraíza a su cultura con la finalidad de lograr su domicilio existencial; hace parte de su simbología cultural la casa donde vive, la piedra, los árboles, el prójimo; todo corresponde a su dimensión existencial cultural. Es en la relación sujeto objeto donde la relaciones se complican, pues al ser el objeto un ser viviente, tanto el objeto como el sujeto pertenecen a una dimensión cultural diferente. Esto, indudablemente, genera interferencias comunicativas entre el observador y el observado, generando así un vacío cultural generado por falta de símbolos comunes; vacíos que en no pocas ocasiones no puede ser llenado. Por esto, insistimos reiteradamente en la necesidad de superar el esquema científico impuesto por occidente, esquema que indudablemente desemboca en la crisis occidental. Porque, al importar el modelo cultural occidental también estamos importando su crisis a Latinoamérica.
Se debe crear una antropología propia de América latina, una antropología donde se haga investigación entre sujetos, donde se tome en cuenta que los dos sujetos en relación son seres vivos, pensantes, existentes y pertenecientes a dimensiones culturales propias. Es importante modificar la estructura de investigación que lleva a cosificar lo estudiado; es necesario, incluir al hombre, al existente, en el proceso de investigación.

La Cultura como Entidad



¿Qué es cultura? El concepto de cultura involucra a la totalidad. El individuo no termina donde concluye su piel, se prolonga en las costumbres, instituciones que forma parte y los utensilios que emplea. En tal sentido, se entiende a la cultura como una entidad vital, es una complementación orgánica del individuo. Cada cultura genera su praxis social dependiendo de las características de sí. También puede tras fenómenos de transculturación, aculturación o fagocitosis cultural manifestar fenómenos diversos a otras culturas, desde la producción científica, filosófica, artística y de utensilios.
El modo de ser una cultura determinada no se comprende a cabalidad de modo consientes; hay mucho de irracionalidad en el fenómeno cultural, es un simple ocurrir porque ocurre. La cultura como manifestación lleva dentro de sí la búsqueda del ser, el hecho de estar. Por tanto, la cultura está relacionada con el lugar y el tiempo en el cual se habita, en el cual se es, donde los individuos no pueden estar absortos ni indiferentes a lo que ocurren porque son consecuencia y forman parte de determinada cultura.
Siguiendo estas ideas, analicemos la presencia de una obra ícono dentro de una cultura; por ejemplo Martín Fierro, poema narrativo compuesto por José Hernández en 1872, obra representativa de la cultura gauchesca en Argentina. La obra se convierte en reflejo cultural y parte constitutiva de la cultura no por deseo del autor que la produce o por las características semánticas o lingüísticas de la obra. Se convierte en referente cultura debido a que la población la asume como tal. He aquí un elemento fundamental dentro del fenómeno artístico que generalmente se desdeña, el pueblo, las personas que habitan y generan cultura. Sin la aceptación del gaucho que adquiría el poema junto con el azúcar y las verduras, la obra jamás había transcendido el reducido espacio de sus páginas. Es el pueblo quien genera cultura y no particulares. El autor al querer hacer crítica a un determinado ministro jamás se planteó la trascendencia cultural de la obra, sólo se limitó a hacer un retrato fidedigno de la realidad en la cual vivía; el pueblo al aceptar la obra y verse reflejado en él, convierte a la obra parte de su cultura. De esta forma Martín Fierro es un producto cultural engendrado en el ceno de una cultura, para el uso práctico de sí.
Planteado así, las expresiones artísticas no adquieren valor cultural porque la crean los individuos sino porque la comunidad la absorbe, en tanto esta ve en ella una significación. Esto, indudablemente, no corresponde al patrón clásico de cultura inculcado por la ciencia occidental, donde todo debe cuadrar dentro del modelo renacentista de la mecánica universal.
La cultura emerge de un estado de indefensión del existir mismo, en tanto necesidad de encontrar un sentido al existir. Comparado con la urgencia de comer, la urgencia de cultura es una necesidad mayor; pues, su carencia representa una mayor indigencia. Entendido así, no por dar prioridad al problema alimenticio lo vamos a resolver; en cambio, si se resolverá si tomamos en cuenta el condicionamiento cultural que implica el hecho de comer. A nivel etnológico se demuestra que el problema real no es la alimentación, sino es la de recobrar la dignidad a tener derecho a ella; esto, indudablemente, es un problema fundamental en América latina. Porque en no pocas ocasiones se lesionan severamente las culturas sólo al tratar de imponer esquemas que para quien la impone significa la solución para resolver el problema de alimentación.
Lo expuesto en el párrafo anterior, nos conduce a la pregunta lógica ¿En cuáles condiciones hay que dar de comer sin lesionar la dignidad del necesitado?.. Toda intervención de una cultura sobre otra, invariablemente modifica a las dos; sin embargo, se deben implementar acciones que disminuyan el impacto cultural, al menos que la acción no signifique la sumisión de una a otra cultura. Porque, en caso contrario, las acciones asumidas por la cultura que ejerce la modificación no encontrarán respuesta sobre la modificada, pues los elementos culturales introducidos a ella no corresponden con su dinámica cultural.
Por último, la cultura se concreta al universo simbólico en el cual se habita. Es necesario que este universo no sólo este jerarquizado sino institucionalizado; pues, las instituciones son organismos que sirven para mantener los modelos culturales. De igual manera, la comunidad que genera la cultura debe sentir como propio los modelos culturales de su sociedad; porque, invariablemente, un modelo cultural es la concientización de un modo de ser.